Descansa. Respira. Derrítete.
¡Hola! Como psicólogo y yogi he recibido retroalimentación constante de mis clientes al momento de trabajar un proceso de desarrollo personal, y he notado que es difícil mantener calma en las emociones, una postura física correcta o una mente centrada en el presente.
Consulta tras consulta las personas encuentran respuestas, se van sintiendo mejor, cambian algunos hábitos mentales, pero al volver al rápido mundo moderno “regresan” a la modalidad automática y rutinaria de sentir, competir, consumir y gastar. Regresan diciendo “ya necesitaba otra sesión”. Incluso esto suena familiar si miro a mi vida personal. ¿Te has sentido así?
He aquí mi experiencia: asistí a varios talleres grupales de 12 y 24 horas, distribuidos en varios días, donde en un hotel o salón de eventos te internas en una dinámica nunca antes experimentada (terapia) y con un grupo de personas que nunca habías visto. Pero un retiro cambió mi vida. Definitivamente ver otros de cerca, abrir tu corazón y ver qué tan difícil puede ser para alguien decir palabras como “me da miedo ser feliz,” “de niño me trataban mal”, o simplemente “me cuesta trabajo aceptarme como soy”, da mucho a qué pensar. Pero aun así regresabas a casa, a la zona de confort (nótese que incluso podemos acostumbrarnos a ambientes tóxicos), donde hay un rol que cumplir, donde puedes mantener ocultas tus expectativas y el “efecto” eufórico de la terapia pasaba poco a poco.
Un retiro (o vacaciones con yoga) es la perfecta oportunidad de crear un lugar donde los extraños de distintos países se hacen familia. La práctica de yoga en grupo cambia radicalmente la forma en que nos conectamos con los demás, porque cambia la forma en que conectamos con nosotros mismos. Noté que los novatos en la práctica eran apoyados de manera natural por aquellos los más avanzados, ese tipo de cooperación es extraordinaria de presenciar. Salir lejos físicamente de casa permite la experiencia de dejar atrás la consciencia parlante y criticona, y da la oportunidad de restaurar la parte de la mente que “demanda” resultados y nos hace la vida más complicada.
Aparte de la deliciosa comida, la naturaleza envolvente, la fina y blanca playa, y toda la gente tan amable que conocí y que me regalaba abrazos diariamente, mi lección favorita del retiro fue: dar es mejor que recibir y la paciencia es una forma de tomar acción. Dejar a un lado la cuestión egocéntrica de competencia y logro, dejar que el flujo de la vida sea la que me lleve a tomar cada vez mejores y más grandes decisiones que beneficien a más personas. Regresando a casa—y hasta la fecha—me he sentido como un turista de la vida, mi maleta es mi cuerpo y cuando el viaje termine, me llevaré las experiencias y el amor que pude obsequiar.
¡Gracias por tu atención! Hasta la próxima




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